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Una excursión a principios del Siglo XX PDF Imprimir
Escrito por Elías Leiva Z   
Martes 05 de Enero de 2010 20:27

En diciembre de 1905 la Sociedad de Excursionistas de San José visitó el Volcán Poás.  Como prueba de esta aventura el profesor Elías Leiva publicó una reseña con cuadros sinópticos y datos sobre las erupciones del volcán.

A pesar de tratarse de una “excursión científica”, algunas de las cosas que más llaman la atención son la anécdota, las observaciones subjetivas y el estilo de diario personal que el autor vierte en este escrito.

Entre las curiosidades que se disfrutan durante la lectura están la descripción del descenso, las penurias de los excursionistas y el nombre con el que bautizaron uno de “los arroyos que alimentan la laguna”.

Hay quienes sin duda no pasarán por alto las fotos, la gramática, o por qué no, hasta la tipografía utilizada en el título por algún floripondioso impresor a inicios del siglo XX.

Sumergirse en esta historia es viajar en el tiempo.  Este salto al pasado permite –a pesar de la Física y sus teorías– regresar del viaje, instalarnos de nuevo en nuestra casa y mirarlo todo con ojos de cien años.

La narración de esta excursión, realizada con posteridad a las grandes erupciones de mayo y junio de ese mismo año, incluye un cuadro de alturas barométricas y de temperaturas de los lugares más importantes del Volcán Poás.

La reseña “Una excursión al Volcán Poás”,se recoge en el libro “Viajes a varias partes de la República de Costa Rica, 1889-1924”, publicado en 1943 por Karl Zapper. El documento en pdf puede bajarse en esta página y aquí lo adjuntamos.

Comentario:  En la foto inicial puede verse la laguna del cráter principal tal y como era antes de la aparición del domo en la década de 1950.


Una excursión al Volcán Poás

por Elías Leiva Z.

Excursión al Volcán Poás en 1906

 

 

 

 

La sociedad de excursionistas de San José llevó a cabo la última excursión reglamentaria de 1905, haciendo un viaje de estudios al volcán de Poás en los días 18 a 23 diciembre.

El primero de los días citados, cinco de los socios salimos al pie de la ciudad de Alajuela, con el objeto de pernoctar en la finca llamada a la lechería. El día 19 amaneció despejado, lo que nos permitió llegar a la cima del volcán mucho antes de la hora del almuerzo. Plantamos nuestra tienda entre el carácter y la laguna de agua fría, una lectura de 2745 m sobre el nivel del mar y a 333 sobre el de las lagunas de aguas calientes. El lugar estaba cubierto de los vientos del nor este y la vegetación de los alrededores es raquítica y se compone principalmente de mirtos que crecen en un suelo cubierto de cenizas.Campamento de la sociedad

La sociedad se proponía de esta vez completar las observaciones que aisladamente habían hecho ya algunos de los socios y allegar nuevos datos para la resolución del problema de las erupciones. Desde el momento de nuestra llegada pudimos notar que el volcán experimentaba una excitación extraordinaria y que las erupciones, aunque no tan altas como en otras ocasiones, duraban mucho más y se sucedían con mayor frecuencia.

Después de una noche muy fría, en que el termómetro bajó a 6°, 8 °C se dispuso bajar al fondo del cráter. El descenso fue penoso y en el gastamos cerca de tres horas a causa de habernos extraviado por querer tomar otro camino distinto del que ordinariamente sirve de bajada.

Crater visto desde cerro machoUna vez en el fondo de aquel gran anfiteatro, se pudo observar que las aguas de la laguna de viviente habían bajado de su nivel ordinario, dejando sedimentos arcilloso-arenosos al pie de los peñascos de la orilla. La temperatura del agua era también más alta que de costumbre, pues alcanzaba a 51 °C, cuando el año pasado sólo alcanzaba a 42°. Tampoco habíamos visto antes un número tal de erupciones en el espacio de un solo día, pues en el término de ocho horas, que duró nuestra excursión dentro del cráter, se sucedieron sin interrupción en número de 58.

A continuación exponemos un cuadro de las observaciones hechas por algunos de los socios sobre las erupciones del Poás.

Datos tomados de las observaciones sobre las erupciones del volcán de Poás en distintas épocas.

erupciones del volcan Poas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siendo el volcán de Poás un geysero, como lo demuestra su actividad, es indudable que la violencia de las erupciones está en relación directa con el largo de la chimenea, y es muy lógico suponer que cuando el lago esté más lleno que de costumbre, las erupciones sean más grandes, y viceversa.

Fondo del craterObservando el cuadro anterior, se nota que las erupciones grandes o pequeñas no tienen ninguna relación con el nivel del lago. De este hecho puede deducirse que la chimenea del Poás es tan enormemente larga que 7 metros más de presión del líquido ó 7 metros menos no ejercen influencia notable en la magnitud de las erupciones.

Las diferencias tan notables que se notan en ellas son debidas a otras causas no suficientemente estudiadas hasta ahora.

Existía un especial interés en hacer un reconocimiento del borde entero de la laguna. Las noticias un tanto fantásticas que retienen los vecinos del volcán a los turistas, acerca de la producción de grandes llamaradas en el borde setentrional, como consecuencia de la combustión de la sufre, nos convidaba a hacer una visita al borde entero de la hornilla. Una circunstancia parecía favorecer nuestro proyecto de exploración: las aguas habían dejado angostos desfiladeros entre las peñas y la laguna. Bien pronto nos convencimos, sin embargo, de la poca utilidad que nos prestaba el desfiladero, pues las aguas, batidas a cada momento por las continuas erupciones, producían un oleaje tan fuerte que nos obligaban a escalar las rocas más altas de la orilla. La operación se hizo con un buen éxito, aunque duró una hora y media, a causa de las dificultades de la marcha.
Gruta que despide hidrogenoDurante ella se pudo constatar la existencia de un gran número de arroyos de aguas un tanto aciduladas, pero cristalinas, que alimentaban y surten la laguna, así como también la de otros muchos cauces sin aguas, pero que seguramente de las llevan en la estación de las lluvias, a juzgar por la gran profundidad que se advierte como resultado de su fuerza erosiva. Uno de ellos fue bautizado por nosotros con el nombre Canjilón de Góngora, por haberse caído en él el socio que responde á ese apellido.

De las supuestas llamaradas que habían llamado la atención del doctor Franzius cuando visitó por primera vez el volcán, no se encuentra vestigio alguno. Sólo se descubren en la parte oeste de la hornilla algunas peñas en que la sufre se halla en gran abundancia, y unas cavernas que despiden gases de hidrógeno sulfurado. Durante esta excursión al fondo del cráter, se tomaron varias fotografías, se recogieron muchas piedras de las que arroja el mismo volcán, como yesos, piedras pomes, tobas volcánicas y azufre en diversos estados, desde la flor de azufre hasta las más bellas formas del azufre cristalizado.

 

 

Todos los días que siguieron fueron empleados en hacer excursiones y observaciones con el objeto de completar el estudio topográfico de los diversos lugares del cerro. La más importante de ellas fue realizada el día 21 alrededor del borde circular del cráter. Esta excursión es más larga de lo que a primera vista parece, pues hay que recorrer una circunferencia no menor de 3000 m para no correr el riesgo de caer en el fondo del precipicio. El camino es más fácil hacia el lado del levante, donde, a una altura de 168 m sobre la laguna del fondo, se encuentran extensísimos playones cubiertos de piedras blancas y livianas; pero la dificultad principia cuando se tienen que escalar los bordes más altos, en donde el suelo está a veces agrietado como anunciando un próximo derrumbe o sembrando en otras de picachos inaccesibles, (véase el grabado que acompaña esta página) azotados por un viento tempestuoso.

Playones del volcán

 

Picacho de la duda

Las observaciones termo y barométricas fueron hechas con toda regularidad por el socio Rudin, quien estaba a cargo de ellas. Llamamos especialmente la tensión hacia las que se refieren a la temperatura, porque ellas podrán servir para formarse idea cabal del clima de las más altas montañas de Costa Rica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Insertamos a continuación un pequeño cuadro de las temperaturas observadas y otro de las alturas de los lugares más importantes:

Cuadro de las temperaturas

 

 

 

la mínima más baja fue de 6 °C y correspondió al día 22.

Esto nos permite observar que, debido a la altura sobre el nivel del mar, alguna de las temperaturas máximas de la cumbre de este volcán se acercan a las mínimas de nuestra meseta y que dichas temperaturas son mucho más elevadas que las que se pueden notar a mayores alturas, en la cumbre del Irazú, por ejemplo, que se acercan muchas veces a la del hielo y que recuerdan al habitante de la meseta los crudos inviernos de Europa y Norte América.

Mirtos muertos

 

 

Cuadro de alturas barométricas de los lugares más importantes del volcán de Poás

Cuadro de las alturas barometricas

 

 

 

 

 

 

 

Un estudio de la flora y fauna de este lugar resultaría desde todo punto de vista interesante, por la enorme desproporción que existe entre el número de las especies animales y vegetales que se encuentran en las faldas y las que se hallan en el volcán propiamente dicho. No solamente decrece el número de esta última especie, a medida que se suben, sino que también se vuelve cada vez más raquítica. Las mirtáceas, que constituyen una vegetación enmarañada, están muertas en aquellos lugares en que azotan el viento y las cenizas. Sus troncos parecen haber tenido muchos siglos de evita: alguien tuvo la ocurrencia de decir que se morían de viejos. Hay varias especies de helechos y gramíneas, abundan las ciperáceas y melastomáceas y las bromeliáceas de colores vivos y son las que más atraen la atención del viajero, por el contraste que forman en el crisis de aquella naturaleza muerta.

Lado oeste de los playones del Volcán PoásLa vida animal debe ser una cosa muy difícil en aquellas soledades. No se disfruta allí de esa alegría que comunica la naturaleza el canto de las aves. Se escucha, sin embargo, de vez en cuando el piar de los gorriones que vienen a revolotear en los mirtos en flor, o el aleteo de las palomas que lleguen allí mismo cuando la fruta está madura. Fuera de estas aves y de algunos himenópteros te vienen a encontrar al viajero para molestarlo con su constante zumbido, la fauna del de Poás resulta excesivamente pobre.

En resumen, las excursiones al volcán de Poás tendrán siempre un gran interés como campo de estudios y serán una fuente inagotable de observaciones.

 

Elías Leiva Z.

San José, 4 de Enero de 1906.

(Fotografías de Max Ruilin)

última actualización el Miércoles 13 de Enero de 2010 15:04
 

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