|
Después de revisar los resultados de opinión en relación con el servicio público prestado por la empresa TUPSA me permito hacer los siguientes comentarios. En ellos no me referiré a rutas que no utilizo y que son relativamente recientes tales como: Calle San José, Hacienda La Hilda, Sabana Redonda, entre otras. Solamente me referiré a la que más he utilizado: San Pedro de Poás – Alajuela. He sido usuario de buses de la ruta Poás-Alajuela desde hace veintisiete años y eso me permite decir que actualmente disfrutamos de un mejor servicio, que, en mi opinión, es excelente.
De mis años de colegio recuerdo cuando tomaba el autobús frente a la cantina-prostíbulo llamada “Pescafrito”, donde eran frecuentes las grescas entre clientes y trabajadoras del sexo. El lugar atraía a gran cantidad de indigentes y alcohólicos (hombres y mujeres). Dejo claro que esto no era culpa de los empresarios. Pero no olvido que además del entorno donde estaba la parada, se abordaba un autobús con todos los lugares ocupados, con un chofer y un cobrador que con gritos y ofensas exigían a los usuarios para que formaran doble fila en el pasillo, Estas son situación que no son fáciles de digerir. No había respeto por mujeres, por ancianos o por niños y, como es lógico, el hacinamiento altera los ánimos y las señoras se quejaban de que ciertos hombres ponían a descansar sus partes nobles en los hombros de ellas.
Puede alguien imaginar lo que se siente viajar en un autobús viejo, una tarde lluviosa con más de 50 personas abordo, con las ventanas cerradas o dañadas, niños llorando por sofocamiento, todo mundo con el ánimo alterado, mientras que el chofer y el cobrador esperaban que fuera la hora de salida, bien fresquitos fuera de la unidad.
Coterráneos, aunque parezca de fábula, a eso le llamaban un servicio público y si usted manifestaba descontento tenía que resignarse a que, cuando estuviera esperando en carretera o en parada, lo dejaran esperando.
A tal punto llegaron los abusos, que en una ocasión, en la ruta San Pedro de Poás-San José, el cobrador, en su afán de abrirse campo, a punta de insultos y empujones, entre los pasajeros que estaban en el pasillo, se topó con un pasajero quien cansado de tanto atropello tomó al cobrador por la camisa y ese día fue de trompadas.
Cuando ingresé al campo laboral sentí aún más las deficiencias en el servicio. Si llegaba a las 8:05 de la noche había que esperar hasta las 10:00 p.m., que era la hora de salida del último bus. Nada se podía hacer. Únicamente, sufrir en silencio y esperar. Si se tenía suerte y si llegaban otros pasajeros dispuestos a pagar un costo mayor, entonces rentábamos un taxi.
Valdría la pena escuchar las experiencias de las enfermeras que trabajaban en el Hospital San Rafael, ¿cómo hacían con las jornadas nocturnas? Y de aquellos valientes estudiantes del colegio nocturno, ¿cómo se las arreglarían para trabajar de día estudiar de noche y al final del día ser recibido en esas casadoras? Supongo que muchos comparten mi opinión.
En la actualidad existen algunos los mecanismos legales que impiden los supracitados abusos y se maneja un horario de servicio más amplio y una frecuencia mayor de salida de las unidades en las llamadas “horas pico”: siempre que llego hay una buseta lista para partir. Incluso se que se ha tomado en cuenta que a los usuarios que viajan a Quebradas, Calle Vargas u otros, no se les puede cobrar la tarifa completa. Se respetan los lugares asignados a los discapacitados o a señoras embarazadas. De esto último doy fe de esto porque, a petición del chofer, me ha tocado ceder el lugar para un discapacitado. Si tengo una queja del servicio lo manifiesto con la empresa, cosa que ya he hecho, y a diferencia de tiempos pasados se me ha atendido con todo el respeto del caso.
Entonces, ¿qué hay de mi responsabilidad como usuario? ¿A quién se le ocurre comer una porción de pollo en el autobús y dejar las sobras en el sitio que ocupó?, ¿Quién tiró la basura al suelo?,¿quién rompió el asiento?, ¿Quién escribió porquerías en el respaldar del asiento del frente?, de seguro responderían “yo no se nada”, “yo no vi nada”, “no soy yo”, “no es conmigo el asunto”. Muchos se preguntan ¿por qué yo tengo que recoger las basuras de otro. ¿Cuántos de los usuarios tiran la basura por la ventana?
Nada ni nadie es perfecto, solo Dios, pero siempre es posible mejorar. En administración existe una corriente de pensamiento que se conoce como mejoramiento continuo. Según la óptica del autor Eduardo Deming (1996), el mejoramiento continuo es un proceso que describe muy bien la esencia de la calidad y que refleja lo que las empresas ó las personas necesitan hacer si quieren ser competitivos a lo largo del tiempo. No solo TUPSA tiene la responsabilidad de mejorar, sino que también nosotros como individuos que necesitamos de la vida en comunidad. Ser mejores ciudadanos debería ser uno de nuestros objetivos permanentes. Creo que esa frase aplica a todo lo que hagamos en la vida, desde la cosa más simple hasta la tarea más compleja.
Si yo como miembro de una colectividad me preocupo y trato de mejorar la calidad de mi trabajo, de cuidar los bienes dispuestos a usar por la comunidad, llámense autobuses, taxis, bancas de la iglesia, la escuela o el seguro, el parque, el polideportivo, entonces y solo entonces tendré derecho al berreo.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
|