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Comentario acerca del documento del 2001 "Historia del Cantón de Poás" de Percy Rodríguez Argüello

En el año 2001 se publicó el libro Historia del Cantón de Poás del historiador M. Sc. Percy Rodríguez Argüello con motivo de la celebración, en ese momento, del centenario de la creación del cantón número ocho de la provincia de Alajuela, Poás. Este trabajo, impulsado por la Comisión del Centenario, tuvo la intención de complementar la escasa historiografía local que inició en 1906 con la Monografía de Poás de Víctor Cabrera, seguida en 1974 por una tesis de Germán Valverde sobre Apuntamientos Histórico-Geográficos del cantón de Poás. A ellas le siguieron la Reseña Monográfica del Cantón de Poás, trabajo conjunto de estudiantes y profesores del Liceo de Poás, liderados por su director Claudio Canales, con motivo del septuagésimo quinto aniversario del cantonato; el trabajo Poás: un enfoque histórico-demográfico de Edelberto Marín en 1980 y los célebres tres tomos de Generalidades del Cantón de Poás de Eliécer Murillo, documento inédito que el autor cerró en 1988, listo para la revisión editorial. Hay que incluir un material sin fecha de Ramón Villegas Palma sobre el Índice de matrimonios en San Pedro de Poás de 1871-1920.
No cabe duda que la Historia del Cantón de Poás de Percy Rodríguez vino a significar un texto más dentro de la producción histórica en el cantón, sin embargo, a diez años de su edición, poco se ha discutido sobre los aportes y las omisiones de esta obra. Por tal motivo, deseamos llevar a cabo un pequeño análisis estructural del libro con el objetivo de valorarlo y plantear aspectos relevantes que deben seguir siendo investigados.
El libro no posee un objetivo definido. Ni al inicio ni en ninguna parte de la obra se especifica o se hace inferir cuáles son los problemas planteados para resolver en dicha investigación. Se genera la impresión de un trabajo improvisado, difuso y con un abordaje antojadizo. Al carecer de objetivos claros, el lector se desorienta fácilmente y el libro carece del esfuerzo minucioso que implica una investigación histórica que se precie de científica y seria.
El autor divide el libro en tres capítulos que son en su respectivo orden: 1) El territorio de Poás en la era colonial costarricense 1562-1806, 2) Colonización y auge 1806-1901 y 3) Cien años de historia Poás: 1901-2001. Esta división se ajusta más a los términos cronológicos, posiblemente por cuestiones de claridad expositiva, pero que de, ninguna manera, debe considerarse como una periodización de la historia del cantón.
En el primer capítulo, El territorio de Poás en la era colonial costarricense, mediante el uso de valiosos documentos de la época ubicados en el Archivo Nacional, se hace referencia a los hechos ocurridos durante la colonia en el espacio que actualmente ocupa el cantón de Poás. Haciendo una breve referencia a los pobladores indígenas de la región, el autor señala las expediciones de los conquistadores españoles, la administración del territorio como pastos para mulas y los conocidos “Potreros de Púas” donde constantemente se ubica al lector [especialmente a aquel poco familiarizado con la historia colonial] en el contexto geográfico. Concluye este capítulo apuntando algunos denuncios de tierras a finales del siglo XVIII, donde si es necesario señalar que se expresa poca preocupación por presentar dicha dinámica en términos regionales, contando el autor con la ventaja de que ese tema ha sido poco estudiado.
Una de las incongruencias de forma encontradas en este capítulo se ubica en la página 16. “Para 1611 solo se contabilizaban 200 votos en todo el territorio costarricense. Sin duda Poás fue una zona de tránsito entre el Valle Central y las llanuras del norte”. Evidentemente, este párrafo contiene dos ideas unidas sin un orden lógico.
El segundo capítulo, Colonización y auge, a consideración del autor inicia en 1806, apoyado en la afirmación de Canales Torres, de que en ese año se da la llegada de los primeros pobladores provenientes de la villa de Heredia y de la villa de Barva. El mayor denuncio de tierras lo realizó Eusebio Rodríguez, a quien se señala como “patriarca y primer gamonal” de aquel lugar. Rodríguez vendería y alquilaría terrenos a una serie de familias entre las cuales primaban los apellidos Herrera, Chaves, Murillo y Zamora. En este mismo capítulo se incorporan los relatos de algunos viajeros extranjeros, especialmente biólogos y geógrafos, como Alexander von Frantzius que agregan una descripción geográfica del paisaje sumamente valiosa y congruente con la escuela alemana.
Resulta importante valorar la excesiva atención que recae sobre Eusebio Rodríguez, la cual reduce el trabajo a una línea histórica “hechologista” y de “personalidades” – que ya debería estar superada por los historiadores costarricenses. Si bien es cierto que no se puede obviar a Eusebio Rodríguez, también es innecesario rendirle más de dos páginas a su participación en los acontecimientos independentistas, cuando claramente se sabe que él fue legado por San José y que denunció tierras y vivió en muchas otras partes del país.
Este fragmento del libro parece una especie de apartado “placebo”, especialmente para el lector poaseño, dando la impresión de querer consolidar una figura emblemática para Poás en el campo político, en un cantón que prácticamente no ha contado con un representante directo en la Asamblea Legislativa o con un funcionario reconocido en la administración del Gobierno Central.
En el tercer apartado del mismo capítulo, titulado Una parroquia progresista que cultivó la educación y la caña 1862-1889, se presenta la relación con el contexto de la reforma educativa de los liberales de una manera que es únicamente referencial y se cae en el error de hablar en términos de “progreso”. Efectivamente se dio una expansión del aparato educativo estatal, pero la calidad de la infraestructura y de los contenidos educativos ha sido seriamente cuestionada en trabajos recientes. Aquí de nuevo, se palpa la intención de erigir un imaginario histórico de progreso y desarrollo sostenido en el cantón, construcción que parece poco defendible en especial cuando dicha educación era manejada por la distante Municipalidad de Alajuela, a la que pertenecía el territorio actual del cantón de Poás como el distrito San Pedro.
Identificamos acá otro grave error de forma que a su vez altera el fondo. En la página 33 se menciona que: “El gobierno de don Próspero Fernández (1882-1885) y luego el de don Bernardo Soto (1885-1889) inician una nueva orientación sobre la administración educativa. San Pedro contaba al momento [¿Cuál de ellos? Se mencionan dos momentos] con 1622 habitantes y los distritos escolares creados en 1886 1888 responden a esa lógica” y tan solo unos párrafos adelante se asegura que: “El aumento demográfico en el sitio fue importante (1591 habitantes en 1892)”. Tal inconsistencia crea confusión en el lector y resta credibilidad en los datos que puedan encontrarse en el resto de la obra.
En el apartado final del capítulo La lucha por el cantonato, se señalan las acciones emprendidas los vecinos de San Pedro, Carrillos y Sabanilla para erigirse como cantón. Veamos:
“Vecinos de Poás proponen al Congreso Constitucional de la República apoyar la creación de un cantón compuesto por los barrios de San Pedro de la Calabaza, Sabanilla y de Carrillos y que se le dé el título de Villa al barrio de San Pedro que ocupa el centro de todos” (ANCR, Administrativo, Congreso. Nº3749, f. 1-10).
Sin embargo parece ser que en esos años existieron fuertes diferencias entre los vecinos de San Pedro y Sabanilla de las que se desconocen detalles. Un documento presentado por estos últimos, en 1896, deja en evidencia que en algún momento los vecinos de San Pedro y Carrillos dejaron por fuera del movimiento para la creación del cantón al barrio de Sabanilla:
“Los vecinos de Sabanilla considerando que el barrio de San Pedro no cuenta con las condiciones ni los hombres apropiados para ejercer los puestos de autoridades en un nuevo cantón y a una serie de factores que más bien ponen en primer lugar a Sabanilla y por otro lado que estos pueblos siempre han estado unidos en lo eclesiástico, pero a pesar de esto han tenido sus disputas, por lo cual ruegan que si pasa el proyecto no se les excluya como miembros de este cantón por lo antes expuesto” (ANCR, Administrativo, Congreso. Nº 9321, f. 15-30).
Rodríguez no hace referencia alguna a esos posibles conflictos y más bien se aventura a insinuar una actitud obstruccionista de los vecinos de Sabanilla, caso que debe estudiarse con detalle antes de emitir tal criterio.
El tercer capítulo, Cien años de historia Poás: 1901-2001, es el más extenso y profundo de los tres. En él, se hace un repaso por la historia del cantón desde su fundación hasta el 2001, año del centenario. De buena manera el autor desarrolla la creación de la municipalidad, la definición de los límites territoriales externos e internos y la estructuración administrativa del gobierno local. También hace referencias a los cambios en la infraestructura civil y en la educación. Aquí debemos presentar una queja. Pues en la construcción del libro el autor no se preocupa de enlazar lo que sucede en el contexto local [Poás] con el contexto nacional [Costa Rica], sin embargo omite uno de los estadios de análisis como lo es el regional. Ciertamente la participación de Poás en la construcción histórica de la Región de Occidente ha sido una problemática poco investigada. No obstante, dicha aclaración no es hecha. La forma en que realizó el engarce entre los estadios locales y nacionales deja la impresión de que Poás se ata totalmente al contexto nacional y de que no existieran micro escenarios - tema oportuno por investigar - en los cuales el cantón pudiera discurrir por una ruta diferente.
Cuando se escribe historia local debe definirse claramente el área de estudio. Los procesos que ocurren deben profundizarse por igual en todo el espacio. El autor de marras no lo hace y escribe una historia del cantón de Poás que más bien parece una historia del distrito de San Pedro con pinceladas de los pueblos del cantón. Por ejemplo, se señala en la página 51 que para 1913 contratistas acuerdan colocar lámparas de alumbrado en San Pedro, pero nunca se dice que en lugares como Santa Rosa [parte del mismo cantón] la electrificación no llegaría sino hasta principios de los setenta. También se habla de la creación de distritos escolares en distintas comunidades pero no se estudia su situación e impacto real, quizá por falta de fuentes, aspecto relevante que Rodríguez debió tomar en cuenta. Esto supone un serio error de forma y exige un replanteamiento total.
Nuevamente procesos sociales del distrito de San Pedro se generalizan al resto del cantón cuando se presenta los problemas entre las familias de “Mama Chica” y “Chele” que por más pintoresco que pueda resultar no parecen tan pertinentes para la concreción de un problema de estudio que de por si no está bien definido. ¿No existieron conflictos en otros lugares del cantón? ¿Cuál era el uso y repartición de la tierra? ¿Existió una diferenciación social? Tan ricas preguntas son obviadas por el autor construyendo así una historia social plana, casi ausente de problemas y que invisibiliza a muchas poaseñas y poaseños constructores de la historia del cantón por no vivir en San Pedro o por no ser parte de las familias “fundadoras”.
Por último es necesario hacer una revisión de lo que el autor plantea como la “modernización” de Poás, ya que si bien existe un proceso de transformación, tal término no debe ser usado tan a la ligera, especialmente cuando en el centro de poder económico y social del cantón, San Pedro, solo existía un teléfono de habitación para 1973. Al establecer un perfil del cantón para ese momento se menciona que “Poás está viviendo un proceso de rural-urbanización donde el modo de vida urbano afecta el crecimiento del sector secundario” sin aclarar cuáles son los parámetros que se utilizan para definir lo rural o lo urbano, a pesar de que los datos de la población económicamente activa (PEA) en el cantón muestran una ocupación predominante en el sector primario. Eso sí, el autor reconoce acertadamente la pérdida del vecinazgo y el desplazamiento de los habitantes por empleos fuera del cantón.
El uso de figuras y cuadros en el libro es deficiente. No se lleva a cabo una interpretación o un análisis de los datos, simplemente se reproducen los números agregándole algunas palabras o cambiando los valores relativos por valores absolutos y se satura el libro con cuadros o gráficos que no parecen relevantes porque no se utilizan para argumentar ideas concretas, dejando la impresión de ser un mero relleno.
La Historia del Cantón de Poás de Percy Rodríguez nos ofrece algunas referencias en cuanto a cambios y continuidades en el cantón, además de datos y hechos importantes de rescatar para la memoria histórica colectiva. No obstante, el libro se queda sumamente corto en el análisis social, llevando a cabo una interpretación somera y casi positivista de la historia. Omite el contexto regional y escribe la historia desde un centro de poder sin abarcar toda el área de estudio. Expone los hechos con la intención de consolidar imaginarios a partir de elementos poco profundizados y articulados. |