La génesis de una revolución PDF Imprimir
Escrito por Alejandro Chacón Porras   
Martes 15 de Marzo de 2011 15:59

¡Jalen polos! ¡Qué están celebrando? ¡Cállense payasos! ¡Shhhhh!... siempre es importante escuchar lo que la gente quiere trasmitir aunque a veces no sean más que puras sandeces. Pero, ¿por qué te gritan algo así?  Esa noche un pito de automóvil rompió el silencio, un ruido transgredió la serenidad en que algunos viven o ,mejor dicho, en la mediocridad que muchos quieren vivir. Es fácil nadar con la corriente, ser manso, ser sumiso, ser débil de mente, ser manipulable… es decir, es más fácil no ser.

Resulta sencillo para la gran mayoría gastar su tiempo en el Ridículo Centroamérica de Baile, en la mejenga del Sapri o en el karaoke de La Cabaña, porque para qué se van a molestar, para qué gastar gasolina, para qué pensar si otras ya piensan por mí. De esta forma, mientras la masa embrutecida marcha al compás de los intereses neoliberales, el país y el cantón se enrumban hacia el acantilado.

Al contrario de lo que se cree, no se necesita ser un físico nuclear o un ingeniero en aeronáutica para darse cuenta que las cosas en este país no andan tan bien como nos dicen. Cualquiera que desee hacer el esfuerzo de pensar se toparía con la realidad ineludible de que estamos siendo engañados, burlados, de que cada uno de nosotros no es más que un número o un voto.

Nuestras mentes débiles fueron acostumbradas a celebrar lo vano, a reconocer el parche en vez de la solución definitiva, a desgastarnos en afiliaciones políticas del pasado, a profesar una devoción por caudillos muertos canonizados y utilizados con la más sucia intensión proselitista. Nuestra mente se acostumbró a no pensar.

Ante un panorama tan desolador salta la pregunta chapulinesca ¿Y ahora quien podrá defendernos? La respuesta le puede sorprender aún más: usted. Si, usted.

Cada uno tiene en sus manos y en su cerebro la tarea de defenderse y de luchar por lo que cree y quiere. ¿Las armas? La educación y la razón. La presión que sufre nuestra gente se ha ido acumulando durante años, lenta y sigilosamente. El olvido y la exclusión hicieron que esa noche se abriera un foco de escape, el momento de la revolución llegó.

Antes de que su intelecto se crispe con la casi pecaminosa palabra de “revolución” debo aclarar algo: no se trata de una revolución de derecha o de izquierda, no es una revolución armada ni nada parecido a la revolución francesa. Es, eso sí, la revolución del conocimiento, de la razón, de la libertad. Es la revolución que lleva a cabo la transformación como mandato casi divino, es la revolución que nos invita a ser actores del devenir histórico, a vivir con dignidad.

Nadie va a la plaza a ver la mejenga, usted va a jugar, nadie va al parque de diversiones y no se monta en ninguna atracción, usted va a divertirse, entonces ¿Quién ve pasar los años y no desea construir algo mejor en este insignificante planeta? Aquel que no es libre.

Debo pedir prestadas unas palabras a un político de antaño sin mencionar su nombre, el perdonará mi omisión: “La libertad es un sentimiento; es el gozo del corazón cuando rigen la vida los dictados preclaros de la mente; cual la salud no se le aprecia hasta que se ha perdido; cual la belleza, se le aprecia mejor cuanto más se le conoce”.

Y antes de que usted quiera cerrar esta página y meterse en facebook o ver los resultados del fútbol europeo yo le pregunto: ¿Es usted libre o es de los que le gritan cosas a aquellos que luchan por serlo? El solo hecho de en verdad plantearse esa pregunta, ha sido la génesis de una revolución en otras partes del mundo.

última actualización el Viernes 18 de Marzo de 2011 17:08
 

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