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¡Qué lindo era cuando estaba chiquilla! Sabía que al salir corriendo de la casa no era necesario cerrar la puerta. ¡Qué bonito era! Cuando ya uno era más grandecilla y podía quedarse a altas horas de la noche en el parque hablando paja sin temor. En ese Poás crecí y esas son las imágenes y recuerdos que atesoro. Siento que no es justo que ya no se pueda vivir del mismo modo.
Ahora ladran mis perros y me levanto a ver si es que hay alguien merodeando. No se puede regresar muy tarde. Ojalá venir detrás del bus de diez y media para no ser interceptado en la carretera. En fin… una serie de preocupaciones que, tal vez para muchos en otras partes son cotidianas, pero para nosotros no.
Yo nací en Poás, yo crecí en Poás. Ahora no vivo en mi pueblo, pero lo llevo en el corazón. Toda la gente que quiero se encuentra en ese pequeño pedacito de tierra. No obstante, por vivir ahora lejos, no estoy dispuesta a dejarlo morir. Al contrario, estoy dispuesta a ayudar con mi tiempo, mi esfuerzo y mis ideas a que Poás progrese.
Ahora es un asunto de seguridad. Pero no el único. En Poás hay muchos recursos más que explotar, muchísimas cosas por mejorar. Por ello participé en la organización de la caravana junto con personas increíbles con quienes comparto esas ganas de ver un Poás diferente. Compartí el carro con personas que desean motivar al pueblo para que “se la crea” y valore lo que tenemos y, lo más importante, que la gente reconozca que la participación de TODOS, en la resolución de los problemas que nos aquejan, es importante e indispensable.
De esta experiencia aprendimos mucho. Ya estamos deseosos de organizar una próxima actividad donde podamos corregir las carencias de esta primera vez. Quizás no fue el despertar que esperábamos pero ¿cuánto tiempo llevábamos dormidos? ¡El sueño era profundo! Lo importante es que se hizo, no se quedo en una página de facebook, no se quedó en palabras. Lo llevamos a cabo y pusimos todo nuestro corazón en ello. Así es como se inicia. Lo más lindo y lo que más me emociona es ¡que empezamos!
Ahora le toca a nuestro pueblo reflexionar en qué es lo que quieren de este cantón. Mentalizarse en que las cosas no llegan solas, sino que hay que luchar. Nuestros abuelos eso lo entendieron muy bien y en algún lugar del camino perdimos esa chispa de superación que debemos ahora reencontrar.
Tratemos de recuperar nuestra forma de vivir y lo que por derecho es nuestro, para que Poás sea aún mejor que ese pueblo donde crecí. |