Yo también creí que unos pitazos espantarían a la apatía PDF Imprimir
Escrito por Jairo García Céspedes   
Lunes 14 de Marzo de 2011 10:34

Ayer lo vi desde la altura, todo Poás, desde Carrillos hasta Sabana Redonda, de San Rafael a San Juan, de San Pedro al volcán. Yo también quiero que me entierren en la ladera de un monte más alto que el horizonte, bajo la ceniza de este volcán. Qué le voy a hacer si yo nací aquí. Yo, al igual que todos, también tengo un corazón en mi lado izquierdo y es un corazón que pierde el ritmo por esta tierra. Y aún siento hervir la sangre cuando veo que Poás se resquebraja, sepultado por la indiferencia de mis coterráneos. Yo también quería ver a mi pueblo en las calles exigiendo que nunca perdamos lo que nos heredaron. Yo también creí, genuina e ingenuamente, en los cientos que dijeron “asístiré” y “me gusta” de la manera más virtual. Yo también canté “solo le pido a Dios, que el futuro no me sea indiferente”, pero solo un coro de silencio me contestó.

Mi abuela me lo decía continuamente: “- pero ¿qué es lo que tiene en las venas? ¿azogue? ¿por qué no se queda quedito?” Y nunca supe explicarme de dónde viene esa imperiosa necesidad de estar siempre en movimiento. Simplificando, hasta el día de hoy, mi vida es como una elipse, cada punto es tal que la suma de las distancias a los focos es una constante. Esos focos serían la Universidad de Costa Rica y mi pueblo. Con una diferencia importante, lo de Poás es algo más visceral que todo lo inunda, todo lo permea y todo lo modifica.  Aquí he vivido, aquí conocí las malas compañías y las buenas también, aquí tengo a mis muertos.

Yo quería ver a un pueblo unido, sin divisiones, sin banderas, listo para exigir que nos dejen nuestro legado intacto, para declarar a los cuatro vientos que lo sabremos honrar, que somos un pueblo adulto que aspira a un futuro mejor. Y por si fuera poco, soñé con convertirnos en un símbolo, en una idea, porque las ideas nunca mueren.   De una manera tan particular dejaríamos por demostrado que el amor a un pueblo es suficiente para hacer retroceder el miedo, para hacer avanzar el progreso, para vivir en paz. Así, lideraríamos una revolución magmática que se extendiera por los cantones del occidente alajuelense, por todo Costa Rica. Marcaríamos el futuro.

Al menos, empezamos. No de la mejor manera. ¡Cuánto gritamos! Tantas veces: ¡vamos Poás despierte! Nunca despertó. La caravana fue escasa, éramos los mismos de siempre. De no haber sido por los aguerridos miembros de la Cimarrona, tampoco hubiéramos tenido “gran” concentración final. Llegaron personas muy importantes, incluso autoridades. Todos los que llegaron son importantes, pero hicieron más falta los que no llegaron. Tantos representantes de fuerzas vivas, tantos líderes, tantos comerciantes, tantos amigos que faltaron, tantos…

Seguramente fallamos en la estrategia cibernética. Tal vez creemos que el mundo poaseño virtual se extrapola fácilmente al mundo poaseño real.   Es probable. Fue un primer eslabón, pequeño, pero eslabón al fin y al cabo. ¿Qué sigue? Buena pregunta, la respuesta debe ser mejor.  Ojalá llegue antes de que ya sea tarde.

última actualización el Lunes 14 de Marzo de 2011 11:47
 

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