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La sirena del Liceo de Poás ya cansa. Se escucha todos los días, lectivos o no, feriados o no, fines de semana. Durante unas semanas del 2009 se escuchó hasta en las noches. El problema nocturno se solucionó. Actualmente se escuchan dos sirenas y esta Semana Santa del 2010 ha sonado puntualmente el Domingo de Ramos, el Lunes Santo, el Martes Santo, el Miércoles Santo y, naturalmente, Jueves Santo y Viernes Santo, por lo que ya sonó toda la santa Semana Santa. ¿Se hará algo al respecto?
El Liceo de Poás, baluarte de la eduación poaseña e institución que remite a juventud, nostalgia y camaradería, ahora no es la única casa de enseñanza media del cantón. En mi adolescencia, todos los muchachos íbamos al mismo colegio: San Pedro, San Rafael, San Juan, Sabana Redonda, algunos de Poasito, otros de Tambor, Quebradas y Santa Gertrudis, pero muy especialmente los de Carrillos. Estos últimos conformaban un grupo numeroso. En ese entonces era más fácil crear forjar una identidad cantonal que a veces terminaba en rivalidad comunal.
Las instalaciones del Liceo, contrario a la actualidad, parecían enormes, con unas amplias zonas verdes y, muy especialmente, NO PARECÍAN UNA FORTALEZA o una correccional de menores. Por supuesto, esos caros muros son insuficientes para contener el ímpetu juvenil y el sabor de la aventura del escape, ahora más intenso puesto que les cuesta más.
En los ochentas, como en todas las épocas, nos escapábamos. Pero no hacía tanta falta, éramos libres de salir por todo lado, andar entre la montaña o en las carreteras y hacer lo que hacen todos los jóvenes: divertirse mientras descubren el mundo. Así que se justificaba que desde finales de los setenta, se instalara la sirena para llamar a los alumnos por todo el pueblo.
Pero ahora no salen del colegio y si lo hacen, cada uno tiene su reloj (o hasta teléfono). Por qué los vecimos tenemos entonces que soportar la sempiterna sirena que anuncia el ingreso a las aulas, el inicio de la lección, el cambio de lección, el comienzo del recreo, el final del recreo, el comienzo de la hora de almuerzo, el final de la hora de almuerzo y otra vez el ciclo repetido en la tarde, para culminar con la salida de clases. Más de veinticinco veces por día de decibeles completamente innecesarios.
Para colmo, en los últimos años, los encargados no han manifestado la menor consideración al respecto. Cuando los encargado eran de Poás, sencillamente iban a desconectarla los sábados. Pero en los cuatro últimos años hemos tenido que soportarla hasta en Semana Santa. No bastando con este suplicio, ahora la ponen en las noches para el colegio nocturno. Los tres últimos fines de semana hemos tenido que escuchar su descarado alarido hasta las 9:45 de la noche.
¿No les parece suficiente? ¿Cuál es la función de una sirena aullante? ¿Por qué hay que vivir en un estado de alarma propio de una emergencia, así parecen los bomberos? ¿Es tan difícil sincronizar relojes, celulares y demás símbolos de la sociedad de consumo tecnológica? ¿Acaso los estudiantes (o los profesores) funcionan como los perros de Pavlov y necesitan el estímulo del sirenazo para ponerse a estudiar?
Como vecino, en general el Liceo de Poás es un buen vecino, en cuarenta años son muy pocas las quejas. Pero la ensordecedora sirena ya raya en el hartazgo. Merecemos un pueblo con ruidos naturales. Ese artefacto no favorece en nada ni a la educación ni a la puntualidad de los alumnos y profesores. La pueden aprovechar mejor los bomberos. Es hora de jubilarla. ¡Desconéctenla por favor!
Olvidé mencionar que el Centro Diurno de Atención al Anciano Poaseño de la Tercera Edad tiene la oreja directamente bajo el incesante ulular de la sirena. Vayan un día, visitan a los señores y comprueban lo que digo.
Jairo García Céspedes vecino del Liceo de Poás
Publicado el 18 de agosto del 2009
Comentario del 17 de noviembre del 2009: Con agrado he notado dos cosas: una que el volumen de la sirena está tan bajo que casi no se escucha y la otra que, afortunadamente, no se ha vuelto a escuchar ni en las noches, ni los fines de semana. Agradezco por este gesto a los encargados. Jairo
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