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IV Típica Navidad Poás 2010 Sábado 11 de diciembre del 2010, de las 2:00 de la tarde a las 11:59 de la noche.
“Gloria a Dios en las alturas recogieron las basuras de mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas”. Así es, nuestro pueblo “se vistió de fiesta”. Por cuarta vez consecutiva el desfile “Típica Navidad Poás” fue un éxito contundente por varias razones. La primera, porque es la única oportunidad del año en la que es posible ver manifestaciones artísticas en las calles. La segunda, porque la gente sale masivamente a la calle a ver el desfile. La tercera, porque es apoyada, financiada y motivada por las autoridades y la infraestructura municipales y por el comercio local. Y la cuarta, porque hay un fuerte voluntariado que se deja la piel en cada edición.
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Quisiéramos destacar el rostro más visible del más reciente grupo organizador: la vicealcaldesa Sofía Murillo Murillo, mujer incansable que parece ser el centro neurálgico de la actividad. Consideramos muy acertadas las elecciones de los dedicados: la señorita Olga Dinia Ugalde activista en defensa de muchas causas, una de las personas más entrañables de nuestro pueblo y el ciclista poaseño Marco Salas Morera que "con la fuerza de un volcán" nos ha dado tantas satisfacciones.
Esta cuarta versión se caracterizó por un aumento significativo del orden en general y sobre todo del orden vial, lo cual es un aspecto destacadísimo si tomamos en cuenta las limitaciones de calles y avenidas del casco central de San Pedro de Poás. El esfuerzo de logística se notó por doquier. Otro escollo que sorteó el desfile con solvencia fue el hecho de que coincidiera con el “Festival de la Luz” en San José: era tanto el gentío que no notamos ninguna merma en la asistencia. El mayor valor de nuestra “Naviá” es el ambiente de fiesta que se percibe en los poaseños, explícitamente contentos porque hay algo que salir a ver. Tan satisfechos estaban que fueron pocos los que se quejaron de la duración del evento: siete horas consecutivas de música, luces, tambores, pólvora y frío. La verdad es que no tenemos nada que envidiar a la organización de otras comunidades. Pero la joya de la corona, la que brilló con luz propia, fue nuestra gente, radiante y feliz.
Como fotógrafos tuvimos la oportunidad de ver la actividad desde diversos ángulos y, honestamente, son pocos los lunares, a pesar de que, en un evento de esa magnitud, no es raro que haya muchos. Consideramos que el lapso de tiempo entre una delegación y otra fue más grande de lo necesario. Es vergonzoso que, antes del desfile, Poás “parece un ajito” pero, después de él, hay que brincar para capear la basura. Lamentamos, además, que las delegaciones participantes, sobre todo las pocas carrozas, no hayan logrado captar el sentido de “típico”. Con algunas excepciones, siempre son las mismas azucaradas carrozas gélidas de cuentos de hadas estilo Disney cursi. En este sentido consideramos que no se ha superado la carroza de la primera edición, aquella que recreaba el parque de San Pedro. La pregunta sería ¿cómo conseguir que la actividad gire en torno a nuestra historia, nuestra geografía y nuestra idiosincrasia? Si la poaseñidad no da para tanto, pues por lo menos que sea la identidad nacional la que se exalte y no los símbolos kitsch de la cultura dominante del consumismo. Es lamentable que no se pueda leer un mensaje más allá de la autocomplacencia de "¡miren, verdád que nos quedó bonita!
No podemos tampoco estar de acuerdo con la falta de buen gusto y la demostración de racismo, exhibida por dos delegaciones que usan a una estereotipada “negra” (entiéndase, hombre con la cara pintada de negro, con tetas y nalgas de relleno y un vestido chillón) para “amenizar” con contorsiones dignas de un energúmeno. Si una negra de verdad viene a bailar, lo aplaudimos; pero esa caricatura nos resulta, cuando menos, irrespetuosa.
Desgraciadamente, el ambiente festivo colectivo es tan poderoso que muchas veces tenemos la impresión de que TODO el mundo estuvo allí disfrutando y no visualizamos a los que no pudieron participar; a los invisibles e indispensables colaboradores que, irónicamente, tampoco pudieron ver el desfile; a los indigentes que fueron removidos para que no desluzcan el acto; a los que no pudieron conseguir un campo cómodo porque fueron tomados por gente que los merecían menos que ellos; a los que sufren y nadie quiso sufrir hoy con ellos; a los que poco tienen y no entienden cómo, para una actividad de cartón piedra, si sobran los recursos… en fin, nos olvidamos de “los otros” y hasta de los perros que tanto sufren con la pólvora. Pero, ¡vaya!, es una vez al año ¿puede que valga la pena?
Hay que seguir adelante, no hay otra. Nuestra vida cultural es demasiado escasa. Afortunadamente, es probable que el año próximo la “Típica Navidad” esté mejor y, por supuesto, nosotros estaremos allí para registrar cada detalle. La verdad, es un placer plasmar en imágenes a un pueblo que, en el balance, resulta tan hermoso que nos hace sentir orgullosos de él. Así que fuimos “bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”
Jairo García Céspedes
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