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Ovidio Morera Molina es la personalidad más destacada del deporte poaseño de los últimos treinta años. Es un líder natural y exhibe un carisma tal que lo convierte en "el caballero poaseño del deporte". Ordenado y pulcro en su trabajo, se entrega completamente con sus pupilos, los que siempre le profesan cariño. Presentamos una biografía y una extensa entrevista con él.
Ovidio Morera Molina. Biografía. Formador, entrenador, dirigente deportivo y profesor de educación física poaseño. De familia alajuelense, nació en Golfito. Creció entre fincas bananeras, frescos ríos y montañas vírgenes en Coto 47, Finca 59, Finca 03 Palmar Sur, cantón de Osa. Es el cuarto de nueve hermanos. Cuando era un infante, uno de ellos enfermó y su madre retornó con sus hijos a Alajuela, donde el niño Ovidio ingresó a la primaria. Su espíritu libre no le permitió acoplarse a la vida citadina, por tanto, él y un hermano regresaron a la zona sur en compañía del padre, quien era el mandador en una finca bananera. El regreso al campo le permitió seguir adquiriendo una amplia batería de habilidades físicas que, aunadas a un físico espigado, una altura por encima del promedio y un cerebro vivaz, definirían su futuro. Estos años le depararon un tesoro que apreciaría el resto de su vida: una interacción tan fuerte con su padre que terminaría considerándolo su mejor amigo. Ovidio Morera llegaría a valorar ésta como una época de oro crucial para la formación, tanto de su carácter, como la de su desarrollo físico.
Finalmente la familia se reunió en Alajuela en los años sesenta, justo cuando el joven Ovidio inició la secundaria. En el Instituto de Alajuela se destacaron sus habilidades motrices y una solvencia académica que, en ese entonces, se consideraban como dones incompatibles. Practicó de todo y se destacó considerablemente en atletismo, fútbol y baloncesto (el deporte de su juventud), al igual que sus hermanos y hermanas. Rápidamente en Alajuela se les conoció como “los Chuvis” que es una variante del nombre que comparten Ovidio Morera y su padre: Joel. Los Chuvis todavía es el nombre de una soda por la estación de la Cruz Roja de Alajuela.
Debido a sus talentos físicos, su profesor de inglés le instó a estudiar educación física en la Escuela Normal Superior. Aceptó y lo imaginó como una etapa transitoria, porque el objetivo era adquirir la independencia para estudiar la carrera de sus sueños: veterinaria. Se quedó en la educación y triunfó en ella. Los estudios superiores se los cubrió como trabajador en el Bingo de la Cruz Roja de Alajuela (era cobrador de cartones).
En el marco de las actividades de acción social universitaria, una clínica deportiva se llamaba entonces, conoció Poás de Alajuela durante un trimestre durante la estación seca de 1975. Volvió a Poás en 1976, aún como universitario, para dar clases en el reciente Liceo de Poás. Allí conoció a Marielos Vega con la que se casó en 1977 y posteriormente tuvo tres hijos. En ese año de 1977 se fue a trabajar en un colegio de Puntarenas. Entre 1978 y 1979 trabajó en las oficinas centrales del Ministerio de Educación, donde se dio cuenta que no le gustaba la sedentaria y opresiva vida burocrática.
En 1980 regresó al Liceo de Poás. Se quedó para siempre. Con esto se inauguró una etapa impresionante de éxitos deportivos tanto personales como para la comunidad. Desarrolló un fuerte trabajo de búsqueda de talentos, de formación de personas a través del deporte. Incentivó muchos deportes, algunos nóveles. Coorganizó las cuatro ediciones de los Juegos Comunales de Poás de los años ochenta y se convirtió en un dirigente deportivo y un líder comunal. En muchas oportunidades fue el seleccionador nacional de atletismo para Juegos Centroamericanos tanto infantiles como juveniles. También conformó el cuerpo técnico de la selección nacional de fútbol salón durante el Campeonato Mundial España 1985.
Con el atletismo, sobre todo con los lanzamientos, consiguió las primeras medallas de oro de Juegos Nacionales para el cantón de Poás. En los Juegos Nacionales Puntarenas 1995, junto con sus muchachos, colocó al cantón en el quinto lugar en el cuadro de medallas (solo con atletismo). Haber alcanzado esta cima y estar cansado de las promesas incumplidas, la falta de apoyo y preocupado por el bienestar de sus pupilos, se fue a entrenar para el equipo alajuelense, donde se destacó en todas las ediciones de Juegos Nacionales. Muchos poaseños fueron a entrenar allá.
En el año 2003 decidió volver a Poás y formó el equipo de fútbol salón que consiguió la medalla de oro en Esparza 2004, la primera medalla colectiva de Poás. El Concejo de Poás lo declaró “Hijo predilecto del cantón de Poás” en enero del 2004. De nuevo desarrolló el atletismo en el cantón y ocupó un lugar preponderante en el rumbo novedoso que tomaría el Comité Cantonal de Deportes y Recreación de Poás debido a su entrega, a su esfuerzo y, sobretodo, a que señaló la senda por la que debería enrumbarse el desarrollo deportivo del cantón. Coorganizó las dos ediciones de los Juegos Cantonales del Agua y del Fuego de Poás (2007 y 2008) y ha apoyado la diversificación de las disciplinas deportivas y el alcance masivo de las actividades deportivas cantonales. En 2007 se pensionó como educador y aún sigue trabajando para el deporte en el pueblo de sus amores: Poás.
Entrevista:
- ¿Es cierto que todos los que andamos en deporte tenemos “un alma de niño”?
– Definitivamente. Todos los que andamos en esto compartimos muchas cosas y una de ellas es tener alma de niño. Por eso yo siempre me llevo bien con los niños. Es que no se puede perder esa alma de niño para vivir, incluso es necesaria para presentarse ante el Señor.
- ¿Deportes colectivos versus deportes individuales?
– Como deportista prefiero los individuales porque en ellos yo no dependo de nadie. Los de conjunto tienen muchísimas más variables que son más complicadas de manejar tanto como entrenador y como deportista.
- ¿Cuál es el deporte más democrático?
– La historia está plagada de grandes personas que brillaron en el atletismo, el cual es “el deporte rey”. Es tan natural saltar, correr, lanzar. Sin duda, el atletismo es el más democrático, todos lo pueden practicar sin importar la clase social.
- Pero las condiciones genéticas son limitantes…
– Naturalmente, pero para ser campeones. No todos pueden ser campeones, pero todos si pueden hacer deporte. Los campeones nacen, pero los extraordinarios, esos se hacen con un talento innato y con una disposición mental que les proporcionan las ganas de ser campeón. “Si quieres lo puedes lograr” es una máxima del deporte. Por eso le doy tanto peso a la parte psicológica. Yo diría que en un campeón apenas el 40% es la parte física mientras que el 60% depende de la contraparte psíquica.
- ¿Hay talento deportivo en Poás?
– Poás ha demostrado que hay talento para varios deportes, yo he conocido a tantos: Luis Morera, José David Arce, Mario Zamora. Pero para poder desarrollar ese potencial, tienen que converger varias condiciones: un físico privilegiado, deseos de ganar, apoyo familiar y organización deportiva local.
- ¿Entonces en qué hemos fallado? ¿Por qué nuestro pueblo no se destaca más en el deporte nacional?
– Si lo ha hecho. Pero lo que ha faltado ha sido la sostenibilidad a largo plazo. También se ha adolecido de una legión verdaderamente comprometida de dirigentes, no solo en el deporte, sino en toda la estructura directiva, desde la municipalidad y la sociedad civil.
- ¿Y los educadores físicos? En nuestro pueblo tenemos muchos…
– ¡Muchísimos, debe ser el cantón mayor densidad de ellos! Pero su nivel de compromiso social es una decisión personal de cada uno. Sí estoy de acuerdo con que se siente que ha habido una pérdida de liderazgo de los educadores en general, pero cada uno decide cómo se inserta en la sociedad que lo rodea.
- Muchos creen que la vida académica de los deportistas no es destacada…
– Ese es un estereotipo, sin fundamento. Yo considero que el deporte también contribuye a la inteligencia pues desarrolla la mente al obligarla a una mayor creatividad para descifrar situaciones de carrera o cambios de estrategia. Los griegos siempre tuvieron razón: mente sana en cuerpo sano. El cuerpo y la mente no pueden ir desligados y para eso se necesita un desarrollo integral del individuo, que solo a través del deporte se puede lograr. Definitivamente, el deporte enseña disciplina y concentración. Esas son características necesarias para el éxito en cualquier área del pensamiento humano.
- ¿Cómo llevó usted la academia?
– Afortunadamente, no tuve ningún problema con ella. Siempre fui un buen estudiante.
- ¿Cómo se decidió a ser educador físico?
– No fue una decisión. En mi familia nunca faltó nada, pero tampoco no éramos ricos. Desde antes de salir del colegio, sabía que no me podían pagar la universidad. El profesor de inglés del Instituto de Alajuela, Mr. Varela, me instó a estudiar educación física debido a mis habilidades físicas demostradas durante la secundaria. Empecé los estudios superiores con la idea de terminar, trabajar y estudiar veterinaria posteriormente. Hacia el cuarto año de la carrera me di cuenta del potencial como formador que esta profesión me ofrecía y supe que eso era lo que quería.
- ¿Se ve más como un entrenador o como un formador?
– Como un formador, porque es más integral y mucho más satisfactorio. Yo soy un convencido del desarrollo integral del individuo. A través de la actividad física es más fácil inculcar valores. Cuando el niño o el joven hace suyos esos valores, hace el cambio, no teme en “atreverse a ser diferente”. Así es cómo se desarrolla la identidad de un poaseño solidario, comprometido y que actúa honestamente con Dios, con la comunidad y con el ambiente.
- ¿Sirve el deporte como un arma para luchar contra las adicciones?
– Es que el deporte es una adicción. Los deportistas son narcisistas y siempre quieren estar mejor. En menos de cuatro semanas de actividad física continua ya uno se vuelve adicto. La liberación de neurotransmisores es adictiva y uno quiere más cada vez. No es solo que la actividad física fascina, sino que le da valores a las personas que les permiten mantenerse como un individuo más equilibrado, más seguro. Pero para alejar a la gente de las adicciones la actividad física necesita que sea temprana y necesita de algo más valioso que es un sólido vínculo familiar. Una familia integrada en el deporte es una solución, es el ambiente familiar la verdadera arma.
- ¿Cómo maneja el vaivén entre la gloria y la derrota?
– En el deporte, la gloria dura muy poco y la derrota se recuerda toda la vida. A mí no me gusta perder. ¡Yo soy un ganador! ¡En la vida soy un ganador! ¡Si Dios se ha pasado de bueno conmigo! Pero la derrota es parte del deporte. Cuando era joven me llenaba de ansiedad, mascaba la derrota durante días y quería ser más exigente. Con los años he aprendido a manejarla mejor, de una manera más racional, más natural. En realidad, no todas son de ganar. De todo y de todos siempre hay algo bueno que aprender.
- ¿Cuál es su mayor logro?
– (Piensa) Deportivamente, lo que le he dado a Poás: todas esas generaciones de muchachos que se han formado como personas; haber contribuido con la juventud. Como educador, haber sido dos veces finalista al premio nacional Mauro Fernández. Como persona, la familia que tengo – mis hijos y ahora mis nietos. Una familia que la crié con la ayuda de Dios y de mi querida esposa Marielos Vega.
- ¿Hay algo de su pasado que le gustaría haber hecho diferente?
– Si volviera atrás, trataría de integrarme más en aspectos de desarrollo de la política deportiva desde las esferas de decisión. En Costa Rica no se le da, a la actividad física, el lugar en el que la sociedad la necesita. Yo me lleno de tristeza cuando veo a niños de ocho años que no pueden pasar un aro por el cuerpo, mucho menos de abajo hacia arriba, ya han perdido etapas cruciales del desarrollo de la coordinación y del dominio del cuerpo. ¡Cómo es posible que los kínderes de este país no tengan profesor de educación física! ¡Falla total! ¿Dónde están los padres de familia que no exigen ese derecho de la niñez? El día en el que en Poás todas las escuelas tengan profesor de educación física, ese día, este cantón será un ejemplo, porque se logrará una formación integral, habrá hijos más seguros, niños que aprenden con más facilidad, más equilibrados y que podrán resistir mejor a la vejez. Ahí ganarán en la vida, porque el deporte los hará ganar en lo físico, en lo psicológico y en lo emocional
- He estado en muchas reuniones con usted y siempre me ha llamado la atención su liderazgo y el respeto que infunde entre los presentes. No hay nada que se admire más en Ovidio Morera que la proyección de una imagen segura, típica de quien tiene el mundo en sus manos…
– (Ríe) No, no, no, no es tanto. Mi afán no es quedar bien, el mío es servir, hacer lo que yo creo que se debe hacer.
- Yo mismo he comprobado su indiscutible liderazgo, todos lo escuchan…
– No, no me gusta el perfil alto, antes de prestigio prefiero estima. Sé que no a todos les caigo bien. Ciertamente en el pasado era más “militar”, pero los años me han dado sensibilidad. Marielos siempre me critica porque dice que nunca derramo lágrimas, ni en la derrota ni en la gloria.
- Pero si ha llorado…
– Claro que lo he hecho, cuando mi papá murió no lloré, sollocé desconsoladamente. Mi papá no solo era mi papá sino que era mi mejor amigo, compartíamos varias pasiones, entre ellas la de los perros. También he llorado de felicidad, durante una jornada de vida cristiana me subí al púlpito y dije “en mi vida no había experimentado mayor gozo que llorar de felicidad”
- ¿Le tiene fe a la gente?
– Marielos siempre me hace notar que me confío y creo demasiado en la gente y así es, no podría ser de otra manera porque sino uno sería cínico y este mundo no tendría esperanzas.
- ¿Es doña Marielos Vega la jueza de su vida?
– Sí, ella es mi jueza y una jueza implacable por cierto. Siempre me señala el camino correcto, me endereza el rumbo. Marielos me hizo madurar. A ella le debo haberme mantenido asido a las cosas importantes, recordándome los deberes de padre sobre todo en cuando yo era más joven. En ese entonces cuando la ilusión es manejar selecciones nacionales, ir a campeonatos mundiales. Muchos de mis colegas ganaron prestigio pero perdieron a sus familias. Para mí la familia es importante, ¡muy importante!
- ¿Cómo se mantiene el amor?
– No hay una sola respuesta, evitar el aburrimiento, buscar los lugares comunes, dar el espacio necesario… en fin el respeto.
- ¿Cómo conoció a doña Marielos Vega?
– En 1976, cuando Roberto Salas era director del Liceo de Poás, yo hice un permiso. Marielos ya trabajaba allí. Durante una feria artesanal, con un carro de Rodolfo Blanco lleno de pupitres, en una vuelta me salí y de las secuelas de ese accidente no me he repuesto: me dejó el matrimonio. En los largos día de convalecencia, ella me iba a visitar. Nos hicimos amigos, me casé y me convertí en un poaseño.
- ¿Qué representa Poás en su vida?
– En Poás aprendí a ser lo que soy. Cuando empecé a venir aquí, la señora Ana María Arguedas, quien me daba el almuerzo y me atendía como a un hijo me lo advirtió: el que novia en Poás nunca se va de aquí. Antes de Poás era un bohemio. Aquí senté cabeza, maduré, tuve una familia, aquí lo he hecho todo.
- ¡Ovidio Morera bohemio! ¿En qué momento apareció el Ovidio Morera que es casi un modelo a seguir? Ese Ovidio que entrega un informe a mano sin ninguna tachadura…
– (Risas nuevamente) No sé exactamente en cuál momento de mi vida cambié, ahora soy extremadamente ordenado y me gusta eso. Mis acciones giran alrededor de la idea “si lo va a hacer hágalo bien sino no lo haga”, eso es lo que quiero transmitir. Soy consciente de que uno como entrenador, como formador, termina convirtiéndose en un modelo y, no me lo va a creer, es una de las cosas que más me han costado, mantener siempre una imagen ecuánime. A veces quisiera no tener que ser tan rudo conmigo mismo, darme el lujo de fallar y claro que he fallado. Pero trato de que esos jóvenes aprendan algo y no puedo predicar sin el ejemplo.
- ¿Cómo se construye el vínculo entre el formador y sus pupilos?
– Eso se logra cuando compartimos el mismo objetivo, la identidad entre ambos se edifica a través de la formación integral de la persona y de la identidad por la familia, por el pueblo o por el país.
- ¿Ese vínculo es recíproco?
– Desde luego. Uno se identifica mucho con ellos, se vuelve desprendido con ellos. Lo que hay que tener siempre presente es que ese vínculo se gana todos los días y hay que ser accesible y muy sensible con ellos. Yo he dado y he obtenido mucho de estos vínculos.
- ¿A veces se cree que los entrenadores pueden ser excelentes empresarios?
– Yo no tengo afán de lucro, el dinero no es un fin para mí. Nunca me ha faltado aunque no lo valoro. Yo no nací para hacer dinero, nací para ser feliz. ¡Nací viví y moriré feliz! El dinero se hizo para gastarlo y yo lo disfruto ayudando a la gente. Ni siquiera se cuanto he invertido en la gente. Sé que es mucho, pero no quiero saber cuánto: tiempo, vehículo, dinero, zapatos, medicamentos… pierdo la cuenta, no lo hice pensando en el gasto, solo recuerdo que me dio satisfacción, que me gusta ser útil, que me gusta servir. Marielos siempre bromea “¡Ovidio todo lo regala, no sé cómo no me ha regalado a mí!”. Recién saliendo de la boda regalé las zapatillas y me fui descalzo.
- ¿Alguna vez alguien le ha reclamado por incentivar el deporte?
– Por dicha muy pocas veces porque es algo que duele. En realidad solo me ha pasado de manera indirecta. Pero como le dije, creo que uno debe hacer lo que cree que es correcto. Yo quiero ser recordado como un padre de familia y como un individuo preocupado por el ser humano. Creo en el deporte y en los beneficios de la actividad física. Yo mismo motivé a mis hijos y hasta cometí el error de competir contra ellos, pero sigo creyendo en que fueron más las ventajas obtenidas, como todo en la vida.
- ¿Qué lo apasiona?
– Tantas cosas, pero no solo las obvias. Adoro ver llover en el campo. Me encantan los maduros con queso, colecciono sabores de ceviches por todo el país. Los perros… en ellos veo lealtad, fidelidad. Me gusta el canto de los canarios y las plantas que florecen.
- ¿Alguna frustración?
– El talento artístico es mi mayor frustración. Las artes plásticas… mejor no le cuento. Aprecio la música, sobretodo la instrumental, “El cóndor pasa” me transporta, Facundo Cabral me gusta. Pero yo no canto.
- A pesar de una voz profunda y grave…
– Así es.
- ¿Y qué me dice del dominio de la palabra, de su elocuencia?
– Eso me gusta, muchas veces he pensado en escribir todas esas ricas experiencias que he acumulado durante estos años con mi familia y mis pupilos. Puede ser un proyecto futuro. Me gusta mucho leer, leo de todo, me gustan los crucigramas y los juegos mentales. Además siempre he sido dicharachero, se lo aprendí a mi papá. Muchas veces hasta me han robado los dichos…
- Me consta, pero deme un ejemplo…
– “¿de qué modelo es?”, en vez de “¿qué edad tiene?”
- ¿A qué le teme?
– Me gustaría vivir lo más que pueda y mientras tanto pienso hacer deporte. No le temo a la muerte, sino a una agonía larga y prolongada que no me deje valerme por mí mismo. Si me tocara, le pido a Dios que me de fuerzas para llevarla. En caso de morir quisiera que me entierren en una montaña, que las prefiero más que a las playas.
- ¿Qué lo hace sentirse fuera de lugar?
– Tengo una gran falla y es que no soy muy amante de la tecnología. Cuando me enfrento a ella me siento vulnerable. Hasta ahora tengo un e-mail y lo maneja mi nieta mejor que yo. El internet no me gusta porque allí soy dependiente, ahí no tengo el control y aunque no me lo crean yo soy tan tímido que necesito tener el control. Igual me pasa cuando la doña me muda, me quita el sello personal y la gente no me reconoce. ¡Dios guarde usar corbata! La libertad la aprecio mucho y a mí no me gusta estar enjaulado ¡no podría estar enjaulado, no quiero ser prisionero!
- ¿Le gusta el trabajo bajo presión?
– La presión me hace funcionar mejor. Me exige. Pero, ¡qué ironía! ahora que estoy pensionado y que tengo mayor disposición de tiempo ya no me quiero meter más.
- ¿Qué espera para el futuro?
– En el corto plazo en el deporte no sé si continuar. Tengo mucho rato de estar en esto, no es que tenga menos entusiasmo sino que veo las cosas con menos pasión y más frío. Quiero dedicar más tiempo a Marielos y a la familia. En el mediano plazo quiero consolidar un remanso de tranquilidad en algún lugar de Poás donde vivir lejos del bullicio. Y a largo plazo me visualizo como parte del gobierno local porque la responsabilidad con la sociedad nunca termina.
- ¿Algún consejo final?
– A todos, que se animen a disfrutar de los beneficios de la actividad física, nunca es tarde para empezar. Que quieran a su comunidad y se identifiquen con ella. A los padres que le den estimulación temprana a sus hijos, tengan siempre en cuenta que “dele los estímulos adecuados a la mente y el individuo llegará hasta donde quiere”.
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