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En abril de 1943, cuando el Padre Fernando Ramírez dejó nuestro Curato por propia voluntad suya, después de permanecer aquí por casi diez años, vino a sustituirlo el Presbítero don José Rams Llop, español enérgico, muy diligente y gran talento, aunque un poco áspero y autoritario.
Llegó e1 Padre Rams a Poás en una época verdaderamente difícil, adversa, cuando por un lado la Segunda Guerra Mundial azotaba al mundo despiadadamente, y por otro lado, cuando en Costa Rica empezaba una de las campañas políticas que más perturbó la paz y el bienestar del pueblo costarricense.
Desde su llegada aquí se dio cuenta del estado ruinoso de aquella vieja Iglesia, tan averiada por el tiempo y, sobre todo, por los rudos embates de los sismos de 1910, 1912 y 1924, y comprendió que aquello era un reto, por el grave peligro que significaba para el pueblo el pésimo estado del edificio.
Pasemos entonces a ver cómo desapareció aquel viejo templo de gruesas paredes de calicanto, de tres naves, con piso de fino mosaico y cielo raso de hierro, importados de España en 1894; y cuya construcción se había iniciado, inmediatamente después de que se incendió el anterior templo el 7 de diciembre de 1888, y se terminó a inicios de 1895.
El Padre Rams entonces empezó a celebrar aquellos famosos turnos para recaudar fondos, y dar así inicio a la construcción del majestuoso templo que hoy tenemos, que es orgullo y la mejor demostración de la fe de un pueblo religioso en el sentido amplio de la palabra. Los recursos fueron llegando, y los trabajos comenzaron el 20 de octubre de 1947, con un tabique de madera en la fachada, cuya demolición empezó el 15 de noviembre, toneladas de escombros salieron, de allí para rellenos arreglos de calles. Sólo el conjunto de largas y gruesas columnas de ciprés que hubo que conseguir en las selvas aledañas, para soporte provisional de la techumbre, única parte que habría de conservarse, además cielorraso. y pisos, representaba un gran esfuerzo y un fuerte desembozo para 1a Junta Edificadora y para la feligresía en general, pero era indispensable aquella estructura, a la que se fijaría, también el tabicado provisorio y tosco que cerraba el templo mientras se iba levantando aquella portentosa obra.
Como hombre prevenido y de gran celo el Padre Rams, ante las fallas de la corriente eléctrica de aquellos días, y para que todo resultara mejor y más económico, hizo comprar una planta de diesel y una concretara que allí mismo instalaron para fabricar el bloque a habría de necesitarse.
Diez años de paciente lucha , de grandes sacrificios para Rams y para el pueblo, y de constantes peligros para las cuadrillas de trabajadores que se emplearon en la demolición, en la construcción, pintada y ornamentación de aquel bello y soberbio templo de Estilo Neoclásico, bastaron para dejarlo felizmente terminado.
Como maestro de obras trabajó en el frontispicio don Aurelio Solano, siendo su brazo derecho el competente constructor poaseño don Jorge Murillo Murillo (Patrón), quién al faltar Solano continúo las obras hasta su conclusión, en 1958.
Simultáneo con los trabajos del templo, el Padre Rams logro realizar aquí otras obras importante: la señorial casa cural, edificó el lote donde se ubicó la antigua casa cural, convirtiéndolo en bonitos locales que hoy renta la parroquia. Y si todo esto es importante, también lo es que el costo de todas esas obras apenas llegó a la suma hoy increíble de 762.436.50 colones, según datos suministrados por el propio Padre Rams. A través de los años se le ha ido dando el mantenimiento necesario, que cualquier edificio requiere, pero después del terremoto del 25 de marzo de 1990, el templo sufrió varios daños, con el terremoto del 22 de diciembre de 1990 los daños aumentaron considerablemente y es entonces cuando el Padre Fernando Barrantes Solano inicia el gran reto en la reparación de los daños ocasionados por la ola de sismos de los últimos años.
El Padre Barrantes pide a la Empresa Constructora de Franz Sauter, que realice una inspección de los daños sufridos en el templo a consecuencia de los temblores, y a la vez en febrero de l99l nombra una Comisión Pro-Construcción del Templo integrada entre otros por Sofía Murillo Murillo, José Francisco Hidalgo Ugalde, Jorge Herrera Murillo, Miguel Hernández Rodríguez, José Joaquín Brenes Vega ; la que solicita al Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, la asesoría para realizar los trabajos de remodelación y restauración que estuvieron a cargo de la Arquitecta Sandra Quirós y el Arquitecto Gerardo Vargas. Conscientes que la construcción de éste Templo significó uno de los aspectos relevantes de la historia de éste Cantón, ya que en él se pueden observar detalles arquitectónicos influenciados por el Neoclasicismo y su riqueza interior en piso, cielo raso, columnas, imaginaría, etc. Y tomando conciencia de ese papel de protectores de nuestro patrimonio material, para conservarlo a las futuras generaciones, se repararon las grietas de las paredes, el arco de la torre, el piso (cerámica española), las piezas dañadas de piso se repusieron por réplicas exactas, se pintó el techo y paredes tratando de resaltar los detalles que contiene dicha edificación. |